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BASES
PARA EL MANEJO DE LA FERTILIZACIÓN DE MAÍZ Ing. Agr. Martín Torres Duggan |
El manejo nutricional es uno de los pilares fundamentales para optimizar el resultado de los sistemas de explotación de maíz en la Región Pampeana. Sin embargo, a nivel de establecimiento agropecuario, la fertilización representa una tecnología más que debe ser integrada dentro del proceso de producción. Por ello, para que la utilización de esta herramienta impacte favorablemente en los resultados técnico-económicos de la Empresa, es fundamental que exista un proceso de planificación y programación de la producción, dentro del cual se deberá definir un plan de fertilización. Es muy importante que las estrategias de fertilización se definan a nivel de lote al igual que se hace, por ejemplo, con la elección del híbrido utilizado o el manejo de herbicidas. Cada lote posee características intrínsecas provenientes de la interacción compleja del tipo de suelo, antecedentes (historia agrícola, cultivos antecesores, manejo de labores, etc) y el efecto del clima local. Asimismo, la unidad de producción no debería ser el cultivo sino la rotación en su conjunto.
El proceso de planificación de la fertilización podría dividirse en varias etapas: A-Muestreo y Análisis de suelos, plantas. El análisis de suelos (y eventualmente de plantas) es una práctica básica para determinar la fertilidad actual de cada lote. La incidencia económica de su utilización es muy baja (del orden de 1$/ha) y brinda información muy valiosa para el diagnóstico de la fertilización. De la precisión del muestreo dependerá la utilidad y valor de los resultados obtenidos en el análisis de suelo. Por ello, es importante efectuar el muestreo considerando la variabilidad espacial presente en el lote, procurando tomar muestras en zonas representativas, homogéneas y evitando mezclar muestras de suelo de zonas diferentes. La intensidad de muestreo dependerá del nutriente a evaluar y de la variabilidad particular del lote. A modo orientativo, se debería realizar por lo menos 20-30 piques por cada muestra compuesta. Si el lote es relativamente parejo, esa muestra podría representar 40-50 ha. B-Diagnóstico de la fertilización El proceso de diagnóstico se efectúa analizando en forma integral los resultados básicos (análisis de suelo, plantas, etc.), en conjunto con las características de fertilidad de cada lote (rotación, cobertura de rastrojos, antecesores, historia agrícola, aspectos físicos, etc.) y el clima local. Para la etapa de diagnóstico de fertilización es muy interesante disponer de información histórica propia de cada lote (rindes, resultados de análisis de suelos históricos, tecnología aplicada, etc.) y de ensayos realizados en el propio campo o eventualmente en la zona (ensayos de INTA, AACREA, AAPRESID, INPOFOS). De esta manera sabemos que la información obtenida es muy representativa de las condiciones locales y por ende muy valiosa para considerarla dentro el manejo nutricional. Por otro lado, es importante definir los objetivos de producción para la campaña que estamos planificando y la estrategia definida deberá tener coherencia con esa meta de producción. C-Diseño de un plan de fertilización Una vez realizado el diagnóstico, en el cual se debería establecer la necesidad o no de fertilizar y en el caso de hacerlo, las cantidades de nutrientes a aplicar; es necesario armar un plan de fertilización ajustado a cada lote. Este plan consiste en la definición de las cantidades de fertilizantes a aplicar; el momento y tecnología de aplicación. En la determinación de estos aspectos intervienen diferentes factores: operativos (disponibilidad de máquinas, piso en los lotes, etc.); económicos (disponibilidad de fertilizantes en la zona, financiación, etc. ) y ambientales (distribución e intensidad de lluvias, temperatura, etc.) D-Ejecución y monitoreo del plan de fertilización. La ejecución es la implementación efectiva en la práctica del plan definido. Sin duda, a medida que se va ejecutando el plan pueden surgir cuestiones no previstas durante la planificación requieren del ajuste según el nuevo escenario. E-Evaluación y análisis de los resultados del plan de fertilización Una
vez ejecutado el plan es necesario analizar y evaluar si la estrategia
de fertilización utilizada funcionó y de hacerlo, con que
grado de eficiencia lo hizo. Para poder hacerlo, es necesario contar con
alguna parte del lote no fertilizada (una maquinada por ejemplo) o en
el mejor de los casos realizar algunas pruebas o ensayos mas elaborados.
El maíz requiere alrededor de 20-25 kg/ha de nitrógeno (N) por cada tonelada de grano producida. Por ello, para producir por ejemplo 10.000 kg/ha de grano, el cultivo debería disponer de alrededor de maíz 200-250 kg. Esta cantidad representa la demanda de nitrógeno para este nivel de rendimiento. La oferta del lote (nitrógeno en el suelo + fertilizante) debería satisfacer esa necesidad para mantener el sistema en equilibrio nutricional. Esta aproximación es lo que se conoce como criterio o modelo de balance. Diferentes ensayos realizados en la Región Pampeana indican que para maximizar los rendimientos del cultivo, la oferta del suelo (nitrógeno medido por análisis de suelo + el nitrógeno del fertilizante) debería ser del orden de los 140-150 kg/ha. Sin embargo, estos umbrales de nitrógeno presentan variaciones regionales (tabla 1). Asimismo, en sistemas más intensivos, bajo riego y mayor desarrollo tecnológico los rendimientos potenciales serían mayores, y por ello la oferta de nitrógeno para cubrir la demanda del cultivo debería ser superior. Tabla 1: Umbrales de suficiencia de nitrógeno orientativos según zonas
Fuente: Adaptado de Alvarez et.al., 2000. En la dosis de fertilizante aplicada se debería considerar las posibles pérdidas de nitrógeno. El manejo del fertilizante (fuente utilizada, momento de aplicación, etc.) debería contemplar qué pérdidas de nitrógeno se pueden presentar para diseñar la estrategia de fertilización que permita minimizar la incidencia global de las mismas. El maíz comienza su mayor consumo de agua y nutrientes móviles en V 6-7 (seis-siete hojas completamente expandidas). Por ello, las aplicaciones efectuadas alrededor de esa etapa fenológica incrementará la eficiencia de fertilización nitrogenada y azufrada, sobre todo en ambientes en donde se presentan condiciones predisponentes a pérdidas de nutrientes entre la siembra y el estado V6-7. Estas pérdidas pueden ser lixiviación de nitratos, desnitrificación de N2 y volatilización de amoníaco. Según las características del clima de la zona, el tipo de sistema productivo (suelos, sistema de labranza, rotaciones, etc.) la incidencia de los diferentes mecanismos de pérdida, fluctuará e incidirá de diferente manera en cada agrosistema. Agrefert Argentina SA. ofrece diferentes alternativas de fertilización, combinando fertilizantes sólidos granulados (básicamente para el agregado de fósforo) y líquidos que aportan nitrógeno y azufre, para ser aplicados en la siembra o en V5-V6, dependiendo del sistema de manejo nutricional y de las necesidades operativas. Este esquema flexible permite ajustar el plan de fertilización según el desarrollo fenológico del cultivo, al mismo tiempo que permite optimizar el ajuste de dosis de nutrientes aportados. Respecto del azufre, la información publicada proveniente de fuentes serias es mucho más escasa. Aún no se disponen de herramientas de diagnóstico para efectuar recomendaciones basadas en una o pocas variables. Hasta que se obtengan las mismas, se recomiendan dosis de respuestas óptimas biológicas obtenidas en ensayos de fertilización de INTA, AACREA, AAPRESID e INPOFOS y la recomendación final se mejora considerando variables edáficas y de manejo como nivel de MO, relación MO/arcillas, años de agricultura, nivel de degradación, etc. La ventaja de aplicar N y S juntos en el mismo producto es la sinergia N-S lograda en ambientes en donde los dos nutrientes son limitantes. La sinergia positiva se debe a que los dos nutrientes esenciales participan en procesos fisiológicos y bioquímicos similares dentro de la planta y deben estar biodisponibles en conjunto. La dinámica de los dos nutrientes en el suelo está ligada a MO y por ello la fertilidad del suelo en términos del contenido y calidad de la MO afecta directamente la respuesta al agregado de N y S.
A diferencia de lo que ocurre con el nitrógeno, al abordar la fertilización fosfatada en maíz hay que considerar que el funcionamiento del fósforo en el sistema suelo-planta es totalmente diferente al del nitrógeno y azufre. Desde el punto de vista del manejo nutricional, el principal aspecto a considerar es su baja movilidad en el suelo y la presencia de retención específica de los fosfatos. El término ¨retención¨ representa diferentes mecanismos de sorción y des-sorción en arcillas, óxidos de Ca, oclusión (fijación). El tipo mineralógico de las arcillas y de los óxidos (diferentes niveles de cristalinidad) afectan en gran medida los procesos de retención. En términos generales, la retención de los suelos pampeanos argentinos es baja. Por ende hay más residualidad, respecto de suelos tropicales como Oxisoles y Ultisoles. En las condiciones de la Región Pampeana, la mayor disponibilidad de fósforo ocurriría con pH 5.5-7, mientras que por debajo de 5 o por encima de 7.5 su disponibilidad en la solución del suelo se reduciría significativamente. Las consideraciones previas tienen implicancias muy relevantes en el manejo de la fertilización. La baja movilidad del fósforo (P) permite independizarnos del efecto del clima (lluvias) sobre la dinámica del nutriente en el suelo, siendo las pérdidas por lavado y escorrentía mínimas desde el punto de vista práctico. La residualidad de la fertilización fosfatada permite contar con parte de P aplicado en los próximos cultivos. Además, desde el punto de vista operativo permite manejar el momento de fertilización con gran flexibilidad. La
residualidad del P en rotaciones de cultivos, desde el punto de vista
económico debería modificar la valoración económica
de la incidencia de la erogación en fertilizante fosfatado considerando
la amortización de esa erogación en los cultivos siguientes
de la rotación. Sin embargo, aún es escasa la información
sobre la dinámica de liberación-retención del P aplicado
vía fertilizantes en condiciones controladas, pero sí hay
creciente información sobre respuesta a campo de la fertilización
fosfatada y efectos residuales en varias rotaciones de cultivos y zonas
de producción que podría servir de base para analizar el
impacto económico de erogaciones o inversiones en fósforo
aplicados en un cultivo sobre los siguientes que le siguen en la secuencia.
Tabla 3: Dosis de P recomendadas según nivel de P (Bray I, 0-20 cm) para diferentes niveles de rendimiento de maíz.
Fuente. Echeverría y García. 1998. El momento de aplicación del fertilizante fosfatado es en presiembra o en la siembra. En suelos en labranza convencional y bajos niveles de P Bray I, se recomienda las aplicaciones por debajo y al costado de la línea de siembra para incrementar la eficiencia del aprovechamiento del P agregado. En sistemas de siembra directa y niveles de P intermedios a altos, algunos trabajos recientes muestran eficiencias similares entre las aplicaciones al voleo anticipadas en presiembra (luego de la cosecha de los cultivos de verano) y las aplicaciones en al costado de la línea de siembra. Sin embargo, aún los trabajos son escasos y falta contar con más información. La propuesta de Agrefert para el agregado de P es mediante fertilizantes sólidos granulados (mezclas Labrador), que además de aportar fósforo, pueden complementar la provisión de macronutrientes primarios (N) y secundarios (S) que deben ser cuantificados en el aporte de nutrientes a cubrir con el plan de fertilización.
Como es sabido, el N, P, y S son los tres nutrientes esenciales que en mayor medida limitan el crecimiento y desarrollo de los principales cultivos de granos de la Argentina. Dentro del grupo de macronutrientes primarios, el potasio (K), si bien es un nutriente requerido en cantidades similares a los del N en varios cultivos (e incluso más), los menores niveles de extracción respecto del N, P y S (la mitad o mas del K queda en el rastrojo de los cultivos) evitan la pérdida de K de los suelos. Además, por lo menos en los suelos de Región Pampeana, los suelos por lo general están bien provistos de K por presentar arcillas illíticas que mantiene su estabilidad cristalina gracias al K interlaminar. En zonas extrapampeanas y sobre todo en suelos muy meteorizados como los suelos rojos misioneros o suelos aluvionales de pedemonte con elevadas precipitaciones (como en el oeste de Tucumán, por ejemplo) podrían generar condiciones de déficit de K y respuesta a la fertilización. Los umbrales de K en suelos por debajo de los cuales hay probababilidad de respuesta a la fertilización esta en el orden de los 150 ppm (0-20 cm), para la mayoría de los cultivos. Además de observar el nivel absoluto de K en suelo es importante evaluar la relación K/Mg. Para mantener relaciones adecuadas, esta relación debería ser de 0.6-0.5. El agregado de Mg o altos niveles de este catión en el suelo pueden determinar deficiencias inducidas de K. El Ca es otro nutriente que uno debería monitorear, pero el indicador global que nos alerta sobre problemas de des-saturación cálcica es el pH. Suelos con pH por debajo de 5.5 normalmente entran en una zona peligrosa de acidificación en donde se presentan varios problemas juntos. Por un lado se reduce la disponibilidad de P, y cae la actividad microbiana que es la base de todos los ciclos de los nutrientes en el suelo. Por otro lado, es un indicador de caída de los niveles de Ca y Mg del suelo. Para mantenerse dentro de la normalidad, se debería mantener niveles de saturación cálcica (porcentaje de Ca en el CIC total) de 65-70% y relaciones Ca/Mg de 12-10. Sin embargo, hay cultivos más flexibles en cuanto a crecer en suelos con pH más bajos. Normalmente los cereales tienen más flexibilidad, mientras que cultivos como soja (y otras leguminosas), requieren niveles de pH cercanos a 7 como para optimizar su crecimiento y desarrollo. Si el problema de pH es grave se recurre al encalado, con diferentes materiales (calcita, dolomita, etc.), mientras que si es leve, es posible agregar dosis más bajas (200-300 kg/ha de Ca) como para corregir la acidez actual y lentamente mejorar la saturación cálcica del complejo de intercambio del suelo. De los micronutrientes de impacto en el maíz, el zinc (Zn) y boro (B), son los más reportados en la literatura nacional e internacional. En la Argentina, los estudios de fertilidad en B y Zn se han focalizado en la Región Pampeana Norte (Sur de Sta. Fe y Norte de Buenos Aires). Por ello, luego de estudios de suelos efectuados en la década del 90 que mostraban bajos niveles de estos microelementos, se realizaron una serie de ensayos de fertilización en INTA Pergamino que demostraron algunas situaciones de respuesta conjunta al B y Zn en maíz. Para encontrar respuestas a estos nutrientes, es fundamental disponer de un elevado potencial de producción (riego complementario, alta respuestas a N y P). Las dosis utilizadas de B son de 0.3-0.7 kg/ha y para Zn de hasta 3-5 kg/ha, según rinde esperado. De los nutrientes analizados en última instancia, el K es relativamente móvil en el suelo, intermedio entre el N y P. El Ca y Mg son móviles en suelo, pero se adsorben en arcillas. De los micronutrientes, el Zn es muy poco móvil en el suelo, mientras que el B es muy móvil y soluble en agua, sobre todo cuando esta como ácido bórico.
El crecimiento experimentado en el la utilización de fertilizantes en la Argentina en la última década fue muy significativo. Se pasó de un consumo global de 300 mil t ha 1.6 mill de t en 2002. Si bien el 90-95% del mercado corresponde a los fertilizantes sólidos, a partir de 1995 se verificó un creciente proceso de expansión de los fertilizantes líquidos, básicamente las soluciones nitrogenadas; nitro-azufradas y en menor medida de las suspensiones fosfatadas. Si bien las estadísticas oficiales poseen poco nivel de detalle, encuestas privadas reportan una participación de los productos líquidos del orden del 5-10 %. Durante el proceso de expansión del mercado argentino, además del incremento en las cantidades de nutrientes aplicados, se presentaron una de transformaciones tendientes a la descomoditación del mercado. Así, además de la utilización creciente de fertilizantes líquidos, aparecieron nuevas tecnologías como la formulación de mezclas a pedido; fertilizantes complejos (mezclas químicas), etc. Las mismas pudieron posicionarse gracias a una reconversión de la infraestructura de logística, distribución y de la disponibilidad en el mercado de maquinaria agrícola específica y aptas para la utilización de las nuevas tecnologías. Agrefert, como una empresa productora y comercializadora de fertilizantes líquidos, se encuentra dentro del escenario mencionado anteriormente, ofreciendo productos diferenciados con gran valor agregado y formulación innovadora. La preparación de mezclas físicas con grados adaptados a las necesidades de los cultivos constituyen especialidades.
Genéricos
Específicos de productos Agrefert Mezcla
Líquida Agrefert 27-3
· Fórmula balanceada preparada con materias primas de máxima calidad. · Niveles de nitrógeno amídico menores al 10% por lo que presentan escasas pérdidas por volatilización de amoníaco. · Adecuado equilibrio entre nutrientes esenciales · Contiene azufre, que optimiza la utilización del nitrógeno. Ambos nutrientes son fundamentales en procesos fisiológicos como la síntesis de proteínas. · Excelente granulometría que impide la segregación durante el transporte, almacenamiento y aplicación del producto. · Adecuado para la utilización en leguminosas, por el efecto positivo del azufre sobre la nodulación y por ende sobre la fijación simbiótica del nitrógeno atmosférico.
La propuesta de Agrefert está sustentada en un surtido de productos innovadores, diferenciados, tanto en sólidos granulados (mezclas Labrador) como en líquidos (Mezclas líquidas Agrefert). Estas especialidades, si bien se presentan en una serie estandarizada de grados; permiten efectuar modificaciones de las formulaciones para casos específicos, como cultivos regionales (tabaco, poroto, etc); semiextensivos (papa, maní, etc.); etc. según necesidades locales. Así, la flexibilidad en la provisión de mezclas específicas representa una ventaja competitiva muy significativa. Agrefert Argentina S.A, además de proveer de productos innovadores y de primera calidad, brinda un servicio de asesoramiento permanente en el diagnóstico de las necesidades de fertilización, sustentada en análisis de suelos. Asimismo, realiza un seguimiento de los esquemas de fertilización en los lotes de producción entre años para lograr optimizar el resultado técnico y económico del agregado de nutrientes. La utilización de las Mezclas Labrador (sólidos granulados) en conjunto con mezclas líquidas, permite alcanzar esquemas flexibles de manejo nutricional impactando directamente en la eficiencia de la fertilización y por ende en la rentabilidad del sistema. Mediante la aplicación inicial con los granulados sólidos podemos realizar una fertilización de arranque según un detallado diagnóstico de la fertilización en cada lote, sobre todo con el objetivo de lograr altas eficiencias de implantación del cultivo. Normalmente, en esta primera etapa de aplicación aportamos parte de las necesidades de N, S, y todo el P, que como nutriente de escasa movilidad edáfica, debe ir aplicado en esta etapa. Según la fertilidad del lote evaluada mediante análisis de suelos, se podrá utilizar determinadas Mezcla Labrador que; además de aportar N y S; contengan otros nutrientes esenciales que podrían resultar deficientes:Ca, Mg, K, etc. Con la aplicación de las Mezclas Líquidas Agrefert, tanto en la siembra como en postemergencia (chorreado), logramos completar la provisión de N y S; en un momento del ciclo fenológico en donde disponemos de mayor información acerca de la evolución del cultivo y por lo tanto podemos ajustar el diagnóstico con la flexibilidad y operatividad que nos facilita las fuentes líquidas. Las aplicaciones en macollaje en trigo tienen la gran ventaja que permiten proveer de N y S en una etapa en donde el cultivo comienza a experimentar una elevada tasa de crecimiento, con incrementos en el consumo de agua y nutrientes.
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Alvarez, R., Alvarez, C. R., Steinbach, S. 2000. Fertilización
de trigo y maíz. Ed. Hemisferio Sur. 95 pág. |
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